Experiencia: Andrés Salvioni

Soy Andrés Salvioni, vice responsable de Región Norte de la SGPY.

Conocí el budismo Nichiren a mediados del 2011. Recibí Gohonzon en Diciembre de ese mismo año, y pude encarar mi último curso del colegio con un desafío diario de una hora de daimoku antes de ir a las clases.

Si bien no fui plenamente consciente de toda la buena fortuna acumulada con ese desafío, éste me sirvió como base para afrontar con sabiduría todo lo que estaba por venir, y para transformar incontables aspectos de mi vida.

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La intolerancia, la impulsividad y los vicios son factores muy frecuentes en las personas, y yo no era nada ajeno a ese mundo… sin embargo, con el budismo Nichiren, aprendí que, así como poseemos tendencias destructivas, también tenemos otros aspectos (de manera inherente, que conste), y entre ellos se destaca el potencial ilimitado con el que podemos transformar todo lo que sea que determinemos; torrente de energía infinita que yace dentro nuestro, que no es otra cosa más que nosotros mismos: la sabiduría de nuestra propia vida; sabiduría del universo infinito, latente dentro de cada ser, cuya manifestación podemos generar a través de la imponente Ley Mística.

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Ahondando en el estudio de esta filosofía, y desafiándome con la práctica del daimoku para afrontar la vida con mayor sabiduría, pude ir concibiendo mejor las situaciones cotidianas y no tan cotidianas; empecé a comprender cada suceso por el que pasaba y aprendí que hay un universo de posibilidades en cuanto a lo que se puede ocasionar a partir de un simple acontecimiento, de acuerdo a cómo lo encaremos. También aprendí sobre los estados de vida que fluctúan constantemente en cada ser, razón por la que una misma situación puede acarrear tantas reacciones diferentes… (Razón también de otros tantos acontecimientos de la vida). Y este mismo aprendizaje me mostró que llegar a manifestar nuestra sabiduría inherente no es una meta inalcanzable, pero tampoco una meta final, ya que somos danzarines del vaivén de la vida…

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A la hora de elegir qué carrera estudiar, a pesar de que siempre me gustó mucho la música, cegado por los estereotipos, basé mi decisión en elegir una carrera que tenga un seguro ingreso económico… pero en medio del cursillo, tras un fuerte desafío de daimoku, tuve el coraje de abandonar esa carrera para estudiar lo que de verdad me gustaba.

Al poco tiempo, tuve la oportunidad de llevar mi música al festival ‘‘Cosquín Rock’’ de Córdoba – Argentina, y pude culminar mis estudios en el Conservatorio Nacional de Música.

Posteriormente me inscribí a la carrera de Licenciatura en Música, (donde actualmente estoy culminando mi trabajo final de grado), y trabajé con distintos grupos musicales con los que recorrí los escenarios más grandes y los más chicos del país. Y, si bien estuvo siempre el vértigo con respecto a lo económico, la música hasta hoy día paga: el zaimu, el alquiler, la electricidad, el internet, una Maestría que estoy cursando, y hasta me compró un auto también…

Todo esto es resultado del gran compromiso que asumí con mi desafío de daimoku y las actividades Gakkai (desafío con mi vida misma, por lo tanto)… y aunque sea sencillo dejar esto por escrito, todo implicó (e implica aún) una ardua lucha y un fuerte compromiso conmigo mismo; con mis sueños y con mis ideales…

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Mediante mis constantes desafíos tuve la fortuna de saldar mi deuda de gratitud con mis padres: pasé la Ley a mi mamá y recibió Gohonzon el 3 de abril del 2016, y mi papá recibió membresía el 7 de octubre del 2018. También pude transmitir la Ley a mi compañera de vida y de lucha: Cami Torres, que recibió Gohonzon el 5 de febrero del 2017. Actualmente mi mamá es responsable de la DF del Distrito, y Cami es responsable de la DJF del Cabildo Tobatí, y son personas que con su ejemplo me inspiran todos los días para seguir creciendo cada vez más…

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La pandemia fue otra gran oportunidad para seguir demostrando pruebas reales: como soy músico, me quedé completamente a la deriva al inicio de todo esto. Sin embargo, fortalecido con mi práctica y las orientaciones de nuestro maestro, cambié la situación por completo desde el segundo mes de la pandemia, y hoy día estoy generando ingresos similares y hasta mayores que los que tenía en los momentos de mayor auge laboral.

Otra prueba real que viví en los momentos más difíciles de la pandemia fue haber sido seleccionado con tres camaradas más para ser representantes de los jóvenes en la primera Convención Mundial de la Soka Gakkai, como miembros del ‘‘Coro de la Nueva Revolución Humana’’, donde sentí el corazón de nuestro maestro y el de cada joven del mundo, unidos en la vanguardia por el Kosen Rufu.

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Ser miembro de la Soka Gakkai es superarse día tras día y llenarse de victorias.

Las pruebas reales que viví son muchas más de lo que escribo acá… pero en el trecho que quede de esta maravillosa contienda por el Kosen Rufu, hago míos los objetivos del maestro y los de todos los jóvenes del Paraguay, para que juntos concretemos la tan anhelada paz mundial.

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Me despido con este fragmento que escribió Ikeda Sensei:

«El triunfo es el resultado de la determinación y la perseverancia, de orar y actuar hasta el mismísimo fin, sin abandonar. (…) En cualquier contienda, la persona que decide que va a lograr, lo logra. Esa firme voluntad hace surgir una fuerza y una energía ilimitada’’. (NRH. Vol. 17)

¡Muchas gracias!